


monseñor Héctor Fabio Henaorepresentante para las comunicaciones con Iglesia católica y el Estado colombiano, habló con EL TIEMPO sobre las dudas y aspectos que preocupan al establishment religioso en este cadencia.
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¿Cuál es el mensaje que envía la Iglesia y cuáles son las garantías que deben tener los colombianos en todas las regiones ante las elecciones?
Para que esta campaña electoral se desarrolle con éxito, como conviene al país, el mensaje debe girar en primer lugar en torno al hecho de que las elecciones deben desarrollarse de tal manera que la gente pueda votar de forma informada, libre, responsable y consciente hacia el país. Decimos informado porque hemos comprobado que en muchas zonas la gente aún no tiene todos los elementos necesarios para votar, no sabe cómo es el proceso; En muchos casos, se necesita más pedagogía. Si bien se realizó un importante ejercicio didáctico por parte del Registro Nacional y organismos como el MOE, observamos el mapa de riesgo electoral y vemos que hay varios municipios en grave riesgo electoral por coacción, presencia de actores armados ilegales o también por prácticas corruptas en la manipulación de votos.
¿Hay algo que más te preocupe?
Vemos que hay ciertas condiciones que son los electores para la paz. Es muy importante hacer un seguimiento allí; En el salón de actos debe elegirse un número importante de representantes: son 16. Este grupo tendrá muchas posibilidades, pero hay municipios que actualmente están pasando por grandes dificultades debido a las inundaciones. Estamos hablando de que la votación se realice en zonas rurales, no en zonas urbanas. Muchos ya se han ido y no podrán votar porque no están. Tampoco está claro cómo se ubicarán las mesas. Es un gran desafío, más allá de los problemas de cooperación que puedan existir por parte de actores ilegales o personas que no pertenecen al mundo de las víctimas en estas zonas.
La iglesia tiene presencia en todo el territorio; Estás en el terreno, viajas a menudo y hablas con la gente. ¿Siente algún tipo de coacción o intromisión en la libre decisión de los ciudadanos?
Sí, creemos que hay áreas donde la gente expresa preocupaciones sobre el proceso electoral. Nos preocupa que el miedo sea un factor importante a la hora de votar, que la gente no sienta que puede hacerlo con total libertad. Vemos una zona del suroeste donde está ese elemento. Asimismo, lo vemos en algunas partes de Antioquia, partes de Córdoba y también en zonas de la frontera con Venezuela. En varias zonas vemos que los residentes abordan el tema electoral con preocupación y sienten que no hay plena información ni total libertad. Es importante que la gente sepa qué opciones están disponibles, qué propuestas de terrenos hay y cuáles de esas propuestas son las mejores para el área en cuestión.
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El gobierno firmó a finales de 2025 varios compromisos con distintos grupos armados en distintos lugares donde tiene mesas de diálogo y uno de los puntos fue respetar el proceso electoral. ¿Prevé la iglesia el compromiso real de estos grupos de respetar la elección?
Creemos que es un paso muy importante. Quizás era necesario proporcionar a los dolientes, es decir, un sistema de seguimiento, porque son zonas rurales, a veces muy remotas. También hubiera sido importante crear algún tipo de sistema de verificación que permitiera dar seguimiento a este compromiso. Todavía hay tiempo para volver a ello. Sé que este problema no ha desaparecido y sigue ahí. De estos espacios pueden surgir alertas tempranas y factores que nos lleven a realizar correcciones o tomar acciones preventivas. La prevención es muy importante.
Un clima de polarización ha caracterizado a Colombia en los últimos años. Hoy hay dudas sobre los resultados electorales y mensajes contradictorios. ¿Cuál es el mensaje de la iglesia frente a esta polarización?
La polarización obedece a un hecho: se utiliza un lenguaje agresivo que descalifica completamente al competidor y lo retrata como un enemigo y no como un sector de diferencia. Esto se convierte en un factor de riesgo para que la polarización conduzca a la violencia. Además, la desinformación forma parte de este ambiente, donde se difunde información no del todo correcta sobre otras propuestas políticas. El llamamiento ha sido trabajar duro en esto. Eso lo hemos hecho en los encuentros de la Iglesia con las autoridades y también en el pacto que se ha impulsado entre varias instituciones con la Defensoría del Pueblo, para promover un ambiente de diálogo, entendimiento y debate político respetuoso.
¿Y frente al Presidente de la República hay algún mensaje especial?
Se ha hablado con el presidente. Se celebró una reunión con el presidente y los directores del Tribunal Supremo junto con el cardenal. Había un compromiso que hemos cumplido. Creemos que desde los más altos niveles del Estado, es imperativo asegurar que las elecciones se desarrollen con apego al Estado social de derecho y mediante el fortalecimiento de las instituciones, porque eso es lo que da credibilidad. Aquí hay dos elementos clave: el respeto a la vida y el derecho a participar sin coerción ni miedo, y el derecho de los ciudadanos a hacer sus sugerencias. Fortalecer este marco institucional ayuda a crear una atmósfera de mayor comprensión y respeto entre los colombianos.
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Hablemos de paz. ¿Ves futuro en las llamadas tabletas de “paz total”?
Hay un grupo de juntas que continúan con sus recomendaciones y buscan soluciones. Se han logrado avances importantes y se han alcanzado acuerdos, por ejemplo sobre sustitución de cultivos, no solo sobre deforestación, y sobre temas como la deforestación, que son muy sensibles. La paz se está construyendo y necesita demostración, práctica concreta y una voluntad duradera para hacerla efectiva. Estamos entrando en el proceso electoral y en la transición hacia un nuevo gobierno, y es importante fortalecer la voluntad de paz y un clima de convivencia en las regiones. Hoy, el principal llamado es reducir el impacto humanitario en las comunidades y continuar creando una atmósfera de confianza. Esa credibilidad se gana cuando los grupos muestran cierto compromiso para llevar a cabo lo acordado.
¿Es realista cuando faltan unos meses para el cambio de gobierno?
Mucho dependerá de los acuerdos y la coherencia que los grupos logren en el cumplimiento de sus compromisos. Es necesario demostrar una decisión clara para implementar lo propuesto y apuntar a los objetivos finales. Dependerá también de cómo las nuevas autoridades manejen la continuidad del proceso. Todavía quedan meses en los que los grupos pueden y deben mostrar su compromiso y aspirar a una implementación fiable para la sociedad.
¿Cree usted que los grupos armados se vuelven más fuertes hoy que antes?
Sí. Si nos fijamos en los mapas, los grupos han ido creciendo con el paso de los años. La pandemia fue un momento que apoyó este crecimiento y el territorio ha sido una expansión. También se han creado nuevas formas de relación con las comunidades. Todo esto muestra un fenómeno que requiere una atención cuidadosa y una mayor participación de los ciudadanos y de toda la nación. Es un tema que afecta a una parte importante del territorio nacional y debe ser visto como un desafío común.
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Con una economía tan inmersa en el tráfico de drogas y otros ingresos ilícitos, ¿es realista pensar en detener esa ruta?
Los ingresos ilícitos –cultivo de coca, minería ilegal, trata de personas– forman una red muy compleja que impregna la economía. Es uno de los mayores desafíos del país. Esto debe estar en el centro de cualquier negociación. Es necesario movilizar a las comunidades y pensar el país en términos de desarrollo regional, manejo responsable de sus recursos naturales y formación de una economía legal. No se trata de ver a las comunidades como criminales, sino como poblaciones con un enorme potencial. El desafío es ofrecer alternativas reales y promover un tipo de negocio diferente al de los ingresos ilegales.
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