
Han pasado muchos años desde aquellos hechos Jueves Santo y Viernes Santo donde, antes de que el reloj marcara las doce del mediodía, había que bañarse, cambiarse de ropa y sentarse en completo silencio.
Esto no fue una exageración. Era la ley. Porque si alguien decidía bañarse pasada esta hora, el castigo era claro y aterrador: convertido en pez.
No sé a quién se le ocurrió, pero La verdad es que funcionó.
Fue todo un ritual. En este apostolado estábamos mis tres hermanos menores, cuatro primos y yo. Estábamos sentados en la sala de la casa de mi abuela María Fernández, v Ciénaga (Magdalena), Esperando películas de Pascua: Historias desde el principio en la televisión La Biblia, Jesús de Nazaret, El mártir del Calvario o los más épicos como Espartaco y Moisés, con Charlton Heston.
La calle “La Amargura” es el camino por el que transitan los penitentes en Santo Tomás. Foto:Cronos
Todos están quietos. Bien mantenido. Nada de darles de comer a los gallos, nada de apodos. Lo que era normal cualquier otro día allí estaba prohibido.
La sala de estar ayudó: un piso brillante, un techo alto de baldosas y un silencio que no era sólo ausencia de ruido, sino presencia de respeto. En el centro hay una abuela sentada en una mecedora, con un rosario de plata colgando de su pecho, el cabello cuidadosamente recogido hacia atrás y los ojos fijos en un televisor de 14 pulgadas en blanco y negro. Ella no levantó la voz. No fue necesario, dio 10 órdenes con una mirada.él era el verdadero poder en esta casa.
El miedo como disciplina
Se trataba de obediencia sin lugar a dudas. Porque los mayores ya han dicho qué pasará si alguien se pasa de la raya:
- Que no podrías trepar a los árboles porque te volverías lindo.
- Las ramas no se pudieron cortar porque sangraban.
Y uno, Pelao, no estaba para comprobar si era mentira.
Eran mitos, es verdad. Pero entonces no parecían historias, sino principios. Como algo que había que lograr sin creatividad. Además, no se trataba sólo de quedarse quieto: había que ir a misas, procesiones y visitar monumentos. Todo completo.
La Biblia cuenta la historia del mundo en términos generales. Foto:Imágenes falsas
Con el paso de los años, se comprende que un mito no es sólo un cuento. Es una manera de organizar tu vida. Explicar lo que no se entiende y mantener a todos en línea al mismo tiempo.
Estaba claro en casa de mi abuela. Allí se mezclaron viejas creencias, aquellas extraídas del pasado, con enseñanzas religiosas. En conjunto, como suele ocurrir en el Caribe, donde lo sagrado y lo mágico no pelean: conviven.
Lo que dicen quienes lo estudian
El sociólogo Guillermo Mejía lo explica mejor: estas tradiciones deben verse desde nuestro contexto, que es a la vez profundamente mágico y religioso.
“En el Caribe colombiano, la Semana Santa no se trata sólo de una fecha. Se trata del ambiente. Algo que se siente en casa, en la calle, en la forma en que la gente habla y se comporta”.
Las iglesias del departamento del Atlántico se preparan para recibir a miles de feligreses. Foto:Gobernación
Según él, estos mitos suelen servir como castigo simbólico. Por ejemplo, transformarse en pez o sirena si alguien entra al agua el Jueves Santo o el Viernes Santo. Y sí, se dijo en serio.
Pero también había mitos “buenos”. Como esto Cortarte el cabello el Viernes Santo para que crezca más fuerte.
Aunque, si nos fijamos, fueron los demás los que más quedaron: los que daban miedo. Es como mirarse al espejo a medianoche del Viernes Santo y aparecer el diablo en lugar de tu cara.
Allí no había ninguna curiosidad que valiera la pena.
Cuando el campo también se detiene
En las zonas rurales la situación era aún más grave. Ordeñar la vaca en este día puede provocar que salga sangre en lugar de leche. Clavar el clavo fue como clavar nuevamente a Cristo.
Por no hablar de tener relaciones sexuales en aquel entonces. ellos lo dijeron el vapor puede atascarse.
Todo apuntaba a lo mismo: parar. Ralentizar el ritmo de vida. Sea respetuoso.
Durante Semana Santa, procesiones y eventos religiosos pasarán por municipios caribeños. Foto:Gobernación
Padre Jesús Orozco. Lo plantea desde una perspectiva diferente. Dice que todas estas creencias, aparte de las literales, ayudan a construir una relación con Dios. Este mito y la religión están profundamente conectados.
Y eso tiene sentido. Porque detrás del silencio, del ayuno y de no comer carne hay algo escondidoEs una invitación a los recuerdos. Para mirar hacia adentro.
Los sonidos de la montaña
En la sabana de Bolívar y Sucre los mitos cambiaron de forma, pero no de intención.
Cronista Alfonso Hamburguesa Recuerda las famosas “matrakas”, sonidos provenientes de las montañas que asustaban a la gente. Nadie trabajó. Nadie estaba ordeñando. Los caminos siguieron siendo los mismos.
Y claro, mientras algunos se quedaron en casa por miedo, otros aprovecharon. Los contrabandistas transportaban café y tabaco por carreteras vacías.
Montes de María. Foto:archivo privado
En su casa también se realizaba otro ritual: un cuenco de ponche con agua y un espejo en el que supuestamente se podía ver el Vía Crucis. Dice que nunca vio nada. Pero él siguió mirando.
“Un grito de otro mundo”
De todas las historias, una parece sacada de una novela: “El gritón de otro mundo”.
Hamburguer cuenta la historia de un hombre a quien nadie vio, pero que se dio a conocer con un grito largo, profundo y audible. No apareció. Fue simplemente aterrador.
Hasta que un día, su abuelo, contrabandista de café, decidió no huir. Iba montado en un burro el Jueves Santo y cuando escuchó un grito, respondió. Él lo siguió. Horas. Noche. Hasta que lo encontró frente a él.
Sacó un rodillo y dijo: “¡Maldita sea, amigo! No lo mataré por la Santa Cena”. Eran camaradas. De esta manera, sin más.
Ni siquiera podías reír
escritor John Jurnieles Lo resume de forma sencilla: Ni siquiera se podía reír el Viernes Santo.
Era su turno. Una vez se rió en el patio con algunos de sus primos y el castigo fue inmediato. No pasó mucho tiempo hasta que su tía le dio una paliza. Porque se suponía que este día sería serio pero sereno. También le dijeron que no talara árboles. Que algunos sangraban.
Y creciste con eso en tu cabeza.
Hoy en día, muchas de estas cosas ya no se hacen de la misma manera. La televisión ha cambiado, los hogares han cambiado, la vida ha cambiado.
Pero algo quedó.
Esta comprensión de la Semana Santa ha seguido siendo no sólo una fecha religiosa, sino también un tiempo diferente. Más lento. Más tranquilo. Más cargado de significado.
Y los mitos persisten. No necesariamente como verdades, sino como parte de lo que somos.
Porque si algo tiene el Caribe es esto: una memoria que no se puede borrar fácilmente. Aunque pasen los años. Aunque ya nadie cree que se convertirá en pez.

