El lunes 6 de abril se publicó un nuevo y espeluznante capítulo en el trágico caso de Sergio Andrés Pérez Carrascal, un niño de solo 5 años que vivió un verdadero infierno a manos de su padrastro.
El juez penal del Distrito Especializado de Medellín impuso: Nueva sentencia de 15 años y 4 meses de prisión para el sargento retirado del Ejército Nacional Richard Antonio Pérez.
El exmilitar fue declarado culpable el delito de graves torturas contra su hijo adoptivo. Esta sentencia penal se suma a una sentencia dictada anteriormente en agosto de 2019, cuando el mismo hombre fue condenado a 33 años y 4 meses de prisión por el delito de asesinato con dolo.
Intercepciones en Medellín Foto:Alcaldía de Medellín
El calvario del pequeño Sergio comenzó muchos años antes de su muerte, concretamente en 2013.
Ese día, la Fiscalía demostró que el imputado había recibido mediante engaños a la menor desde la comuna de Granada, Meta. Inicialmente sustentado en un documento de conciliación obtenido en la Comisaría de Familia, Richard Antonio Pérez obtuvo la custodia del niño a pesar de que se demostró que no era el padre biológico del niño.
Durante los siguientes tres años, la madre biológica intentó desesperadamente recuperar a su hijo. Intentó contactarlo por teléfono e incluso acudió a pedir ayuda a entidades como el Ministerio Público, la Procuraduría General de la República y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), pero la imputada ocultó completamente al niño y lo mantuvo alejado de su cuidado.
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El medio tuvo acceso a expedientes de la Corte Suprema de Medellín, donde detallaron que para evadir a las autoridades y a la madre del niño, el suboficial trasladó al menor a Medellín, donde fue destinado a desempeñar funciones en el Ejército Nacional.
En abril de 2014, el exmilitar adquirió un apartamento en la urbanización Sol de Villanueva. Se mudó allí definitivamente en septiembre de 2015, llamando a sus nuevos vecinos con el nombre falso de “Cristian”.
Desde octubre de este año, la pequeña víctima estaba encerrada en la mencionada casa en el centro de la ciudad. De los expedientes se desprende que el menor abandonó por completo el colegio, fue privado de la supervisión de ningún tutor y no pudo tener ningún contacto con otros niños ni utilizar las zonas comunes del apartamento.
Las conclusiones de la Fiscalía también muestran que el presunto padre iba a trabajar todos los días, regresaba por la tarde y se iba por la noche, dejando al niño completamente solo en el apartamento y dándole mala comida.
Si sospecha que un niño está sufriendo violencia en su comunidad, notifique a las autoridades correspondientes. Foto:freepik
terrible resultado
El trágico final de esta historia de abuso tuvo lugar la noche del 6 de febrero de 2016. Aproximadamente a las 22:46 horas, Richard Antonio Pérez salió del departamento cargando al niño en brazos.
Luego de ingresar a la clínica de Medellín a las 22.56 horas, el hombre dijo a los médicos que el menor había experimentado episodios de vómitos intensos. Sin embargo, el personal médico registró una escena diametralmente opuesta y aterradora.: El niño ingresó cianótico, con pupilas dilatadas, sin pulso, completamente frío y sin pulso.
Su cuerpo tenia numerosas cicatrices, una herida abierta profunda en la rodilla izquierda y una deformación evidente del muslo como resultado de la fractura. A pesar de los esfuerzos de reanimación, fue declarado oficialmente muerto a las 23:10 horas.
lifting corporal Foto:Archivo EL TIEMPO.
Un dictamen judicial emitido por el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses contradijo rotundamente la coartada de los vómitos.
La autopsia demostró sin lugar a dudas que la muerte fue consecuencia directa Shock hipovolémico y rotura de vasos mesentéricos, como resultado de una brutal paliza infligida varias horas antes, que provocó un traumatismo grave y agudo en los intestinos, el bazo, el páncreas y los riñones..
Además, el análisis histopatológico reveló la existencia de un síndrome de abuso infantil crónico. Así lo evidenciaba una fractura de antebrazo no tratada clínicamente, síntomas graves de desnutrición y hematomas en el cuerpo con distintos grados de curación, lo que confirmaba que el menor había sufrido un ciclo de lesiones antiguas y recientes infligidas como parte del castigo.
Nueva frase
Lograr esta segunda condena implicó superar diversos obstáculos procesales. La defensa técnica de Richard Antonio Pérez intentó cerrar el juicio por tortura interponiendo un recurso de recusación.
Ellos argumentaron esto El militar retirado no pudo ser juzgado dos veces por los mismos hechos debido a su condena anterior por el asesinato de un menor.
Sin embargo, la Corte Suprema del Distrito Judicial de Medellín rechazó categóricamente esta petición. Los jueces consideraron que aunque los hechos compartían el mismo espacio temporal y temática, eran jurídicamente autónomos e independientes de la conducta delictiva.
Mientras que una condena por asesinato castigaba un acto que provocó la muerte inmediata de un menor, un cargo de tortura castigaba acciones previas sistemáticas y crueles.
Entre ellas figuraban el confinamiento constante en el apartamento, Negligencia extrema, privación prolongada de contacto con la madre y severos castigos físicos que causaron al niño un profundo dolor físico y mental durante meses..

