Opinión interesada e ideológica confirma que el aumento del salario básico es un determinante del desempleo, la informalidad, la inflación y la quiebra empresarial. Esta letanía volvió a tener eco cuando el decreto oficializó un aumento salarial del 18,7 por ciento en términos reales para 2026 (el IPC para 2025 fue del 5,1%), el más alto alcanzado recientemente en un solo mandato. Los estudios empíricos e históricos muestran lo contrario.
En los albores del siglo XX, las clases dominantes empujaron a la sociedad colombiana por un camino que indicaba un capitalismo nacional y democrático, aunque periférico, dependiente, jerárquico y clasista, sin transformaciones significativas del modo de producción tradicional.
Durante el siglo XX y finales del siglo XXI, de manera análoga al mundo capitalista, el país registró simultáneamente dinámicas progresistas, deshumanizantes e insostenibles. La clase trabajadora fue víctima de la penetración gradual del sistema de mercado, la economía monetaria, el Estado intervencionista y la pérdida de los medios de producción. Las necesidades humanas, el trabajo y la naturaleza se mercantilizaron. La dinámica del capital y del trabajo condiciona ahora la vida para que pueda describirse como humana y digna. Todo es economía política.
Trabajo, productividad y crecimiento
La producción biopolítica está orientada a la creación de formas de vida. En su hegemonía, que es también la hegemonía del biopoder, están cada vez más entrelazados con cuestiones sociales, culturales, ecológicas, económicas y políticas. La producción de bienes económicos es también la producción de relaciones sociales y, finalmente, la producción de la sociedad misma (1). Miremos esto en la historia nacional:
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