
en Barranquilla, La Navidad no está reservada sólo a los centros comerciales iluminado o en el Malecón con exhibiciones masivas. Ritmos navideños en las calles, adaptándonos a cada presupuesto y en los rincones sostenidos por la fe, la creatividad y el ahorro familiar. Allí, la novena sigue siendo un ritual que une a niños y vecinos, a pesar de los tiempos y las dificultades. Este viaje comienza en lo íntimo y llega a la multiplicidad: tres novenas que, según nuestra investigación, forman parte de busca el más grande en Barranquilla y su área metropolitana.
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Novena de Zuzanna, 22 años de gratitud y vocación
Cada año, el 16 de diciembre, Susana recibe con mucha alegría a los niños en su casa de Soledad. “Todo empezó en 2003, cuando nació mi primer nieto.– dice, colocando las figuritas en el pesebre. Este año la novena fue un acto de gratitud: quería que el niño creciera en el ambiente de la gracia de Dios y de los valores católicos, que ella defiende con convicción. El nieto, ya adulto, ya ni siquiera va a la escuela. “Hay otras maneras”, dice sin tristeza, porque la tradición no ha cesado. Ahora lo hace por vocación, por fe y por el simple placer de ver a los niños rezar y cantar villancicos.
Susana es de esas mujeres que tienen bendiciones por delante, que ahorra todo el año para comprar luces navideñas, manteles y muñecos. Tu casa dice ‘crema y pastel’ cuanto más la recorreen su salón se escucha el murmullo de las oraciones mezclado con pausas infantiles.
No hay muchos de ellos este año: unos 20 niñoshijos de vecinos y nietos propios. Este es su promedio durante los 22 años desde que hace la novena, pero La escena tiene fuerza independientemente de la cantidad.. En su casa la Navidad se celebra de forma clásica: con largas oraciones, un libro antiguo, villancicos tradicionales y la certeza de que la fe cabe en cualquier espacio.
La novena de Nelson y su pesebre en vivo
Hace cinco años, Nelson decidió que la Navidad debería sentirse en las calles. Vigilante de profesión y gran cristiano devoto, convirtió en un escenario de tradición la manzana de la Ciudadela Metropolitana, que en sus ediciones reunió en promedio de 60 a 80 niños, pero este año se reunieron unos 70. Esto es una bandera que expresa tu fecolocando sillas en la vía, dejando espacio para motos y automóviles, sin perturbar la celebración.
Lo que distingue su novena es el pesebre viviente: una interpretación teatral del nacimiento del Niño Jesúsen el que actúan los mismos niños que participan en la oración. Vestidos de María, José, pastores y ángeles, los más jóvenes transforman la calle en un evento cultural que va más allá de la religión. “Es un espectáculo artístico que une a todos”explica Nelson, orgulloso de la creatividad que ha dado identidad a su novena.
La logística se apoya en la solidaridad de vecinos y familiares que ocasionalmente hacen regalos, pero La causa principal es el bolsillo de Nelson. No le importa gastar lo que tiene, siempre y cuando cada niño se vaya con su regalito y su merienda. Para el, elEl premio no está incluido en el material.sino en la sonrisa de los niños y en la certeza de compartir la fe. ¿Cuál es el precio de decir novenas desinteresadamente cuando eres tan bendecido? Para este hombre, la respuesta es “ninguna”.
Noveno Miguel: de cien para arriba
La última parada nos lleva a una cuadra. Corajudo que parece el escenario de una fiesta popular. Cerca de la iglesia principal de la zona, justo al fondo, hay cientos de luces colgadas de punta a punta, dibujos pintados en el suelo, adornos navideños y personajes navideños a gran escala. Allí vive Miguel Jesús Pino, un hombre que hace 25 años decidió crear un pesebre y finalmente creó la novena calle más grande que encontramos este año en Barranquilla: Alrededor de 150 niños se reunían cada tarde para rezar, cantar y esperar su bonificación.
Siempre hay más de 100 niños. Foto:Cortesía
Los números no son exactos, como lo saben todos los que han participado en la novena. Hay un número en la lista, pero el día del regalo es diferente. y por eso nos damos libertad de acercamiento. Sin embargo, estamos seguros de que desde hace 25 años Es “a partir de 100 niños en adelante”– nos dijo el dueño de la novena. Suena fácil, pero hay 100 snacks, 100 papelitos con sus nombres, 100 asientos, 100 regalos, etc.
Miguel tiene 60 años, pero su energía desmiente los números. “Empezó porque algo me dijo: hazlo– recuerda. Desde entonces, no se ha perdido ni un solo mes de diciembre. Ni siquiera la pandemia lo detuvo: “Este año lo hice en una habitación sin piso, con solo 12 niños, porque no podíamos reunirnos. Pero nunca dejé de hacerlo”.
La historia de su pesebre es una historia de creatividad y resistencia. “Un año hice esto con figuras de hierro decoradas con bombillas; el otro hecho de cartón y materiales reciclables“- dice. Cuando no tenía dinero, pidió ayuda a un cura del barrio, quien le prestó un belén de plástico. Hoy las figuras son más sofisticadas, pero la esencia permanece intacta: todo se arma gracias al ingenio y la cooperación. “Muchos vecinos me ayudan: uno trae 20.000 pesos, el otro 30.000. Como parte de la colecta preparamos sopas, pasteles, rifas. Yo estoy a cargo aquí, pero es de todos.– explica.
La logística es casi artesanal, pero efectiva. Miguel dirige la novena con un micrófono en la mano, apoyado en un sistema de sonido que llegó gracias a la solidaridad: “Antes de que llegara a lo más alto de mis pulmones. Luego me prestaron parlantes hasta que un amigo me regaló un micrófono. Hoy mi cuñada trae su equipo y suena perfecto.“Entre maracas y panderos, los niños participan activamente: leen oraciones, cantan villancicos y se turnan para acercarse al pesebre”.estas son bendiciones– dice Miguel, convencido de que cada palabra pronunciada por un niño es una semilla de fe.
Pero detrás de la tradición hay una historia personal que la mantiene viva. Miguel es docente y artista, profesional de la danza con 16 años de experiencia en escuelas. “Siempre me gustó el arte, quería ser cantante, pero Dios me mostró un camino diferente.– confiesa. – No tengo riquezas, pero nada me falta. Terminé mis estudios, tengo trabajo y estoy sano. Es una bendición.” Cuando le preguntamos por qué todavía reza la novena, responde sin dudar: “Por la satisfacción de ver venir a los niños cada año. Desde octubre me preguntan: “Migue, ¿hay novena?”. no tiene precio“.
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Como todo lo bueno, es único; o al menos es especial. Miguel nos dijo esto No da los regalos de su novena la noche del 24, los da la noche del 25: “Lo que pasa es que el día 24 se fijan en la ropa, en el regalo, entonces no me quieren cantar la novena, nadie quiere leerla y no es así. El regalo es importante, pero no por eso vienes aquí.– resume.
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