








Allí estaba Jairo con la cofradía. Se trata de un grupo de hombres que, minutos antes, habían llegado a un consenso sobre quién se pondría esta vez un traje antibalas para desactivar la bomba.
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Fraternidad
Se trata de trajes para trabajar con elementos químicos y radiactivos, que cubren completamente el cuerpo de pies a cabeza, además de un casco adecuado, guantes y calzado especial.
Desactivan bomba motociclista en Panamericana. Foto:
Jairo es uno de los uniformados del Grupo Antiexplosión y Antiterrorismo de la Policía Metropolitana de Cali que tiene capacidad de desplazamiento kilogramos en la armadura para contener la respiración, soportar el calor, pararse frente a la bomba y realizar con precisión una de las tareas de mayor riesgo, con toda la adrenalina posible entre quienes pertenecen a la Fuerza Pública en la ciudad.
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Desactivaron una moto bomba en la Carretera Panamericana el 14 de febrero de 2026. Foto:Policía Metropolitana de Cali y Policía del Cauca
Sus integrantes están altamente calificados y capacitados, habiendo superado pruebas físicas y psicológicas entre cientos de aspirantes, hasta que no sean más de veinte personas por jurisdicción territorial las que puedan desactivar una maleta, una moto bomba, un auto o un camión, como aquel que no haya explotado por la mano de Dios. 21 de agosto del año pasadoentre dos vehículos que disidentes de las FARC del frente “Jaime Martínez” habían dejado en estado de alerta, junto con medios de lanzamiento o rampas que permitieron detonar 16 cilindros, en total más de 500 kilogramos para ambos vehículos.
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Fueron cargados con nitrato de amonio y polvo de aluminio a metros de la Base Aérea Marco Fidel Suárez, en Cali. Uno de los camiones explotó con la mitad de los explosivos.
Los momentos de la explosión de una moto bomba en Balboa, Cauca, 6 de diciembre. Foto:video
La tragedia cerca de la base aérea provocó la muerte de seis civiles y más de 70 personas resultaron heridas. Pero podría haber sido tres veces más grande y el peor jamás ocurrido en Cali, después de la explosión del 7 de agosto de 1956, si el segundo vehículo hubiera sido destruido.
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Jairo estuvo allí el 21 de agosto de 2025, junto a otros compañeros de la cofradía, que se ha convertido en una unidad antiexplosiones que con calma y con toda la precaución posible combate el terrorismo, desactivando bombas para garantizar la seguridad de la población.
Un vallecaucano también estuvo involucrado en uno de los últimos casos de detonación controlada, una motobomba de hace 17 días que fue abandonada por grupos armados en la carretera Panamericana, en el paso entre Valle y Cauca, a la altura del llamado puente de Valencia. Fueron necesarias casi dos horas para desactivar 10 kilogramos.
Según el alcalde de Cali, Alejandro Eder, fue una de las tres acciones antiterroristas en la región este año.
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Bomba en camioneta, a las 22:20 horas del 4 de abril de 2024 con la Tercera Brigada Cali Foto:Archivo Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO
“Todos tenemos miedo, como todo ser humano. Pero no hay tiempo para el miedo. El miedo está bajo control. No puedes dejar que sea al revés, porque te puedes equivocar”, dijo Jairo a EL TIEMPO. Este error podría costarle la vida, y la onda explosiva alcanzaría a los miembros restantes de su hermandad y a cualquier otra persona cercana.
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Dijo que durante sus diez años en la Policía Nacional trabajó en el departamento antiexplosivo de Cali durante unos cuatro años y durante ese tiempo estuvo involucrado en muchas situaciones de riesgo y emergencias provocadas por bombas en la capital del Valle del Cauca, como la camioneta que explotó con cinco cilindros frente a los edificios fiscales de la Tercera Brigada del Ejército, en el batallón Pichincha. El hecho ocurrió el 4 de abril de 2024 en el distrito de Nápoles, al sur de Cali.
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También participó en maniobras de detonación controlada, como la moto bomba en la Carretera Panamericana el 14 de febrero.
Jairo dijo que nunca hay pausa en ninguna tarea. Los días pueden durar desde el amanecer hasta el anochecer, ya que aquellos que se ponen un traje antibalas pueden pasar horas hasta el día siguiente trabajando meticulosamente con las herramientas adecuadas y esforzándose por cortar los cables correctos de dispositivos peligrosos.
En caso de llamada, un miembro del equipo antiexplosiones utiliza un escudo, mientras los demás miembros están en el lugar, observando los protocolos de seguridad y permaneciendo vigilantes en todo momento, sin descuidar a un colega para ayudarlo si es necesario durante la jornada, que puede extenderse hasta el día siguiente.
El llamado al deber llevó a Jairo a la policía, por lo que reunió fondos para postularse a un trabajo en la fuerza pública cuando fuera mayor de edad. Manifestó que luego de cumplir su servicio militar trabajó como almacenista en una empresa de construcción y menaje del hogar.
Un atentado terrorista mientras estaba en el hospital con su madre lo motivó a convertirse en policía
Fue la indignación por el dolor de los vecinos del barrio El Vallado, en el oriente de Cali, asustados por la explosión de un vehículo cerca del CAI en la zona de familias indefensas del barrio Aguablanca, lo que impulsó a Jairo a apuntarse a la policía. El ataque tuvo lugar el primer viernes de agosto de 2006, es decir, hace 20 años.
En las calles quedaron latas retorcidas, personas muertas, entre civiles y policías, así como nueve transeúntes y seis uniformados heridos. También se encontraron escombros, cables eléctricos desprendidos y un árbol quemado por la explosión.
En la plataforma quedó destrozado un Renault 12 color blanco con placas Neiva IVF-641, conducido por James Hernando Fernández Sandoval, de 42 años. Fue una de las víctimas de las motos desde hace dos décadas.
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Lograron llevar a la clínica al policía Óscar Estrada, quien solo tenía ocho meses en el cargo, pero falleció.
Jhon Jairo Salazar, José Gonzalo Daza y Arlex Darío Hernández esperaban vales de combustible para repostar sus motocicletas. Los dos primeros murieron en la explosión.
Unas horas antes de su muerte, el agente Rubén Darío Aguado se encontraba de patrulla recuperando elementos robados en una vivienda de este sector.
“Estaba con mi madre en el hospital, cerca de la policía. Mi madre estaba afectada. Vi gente con traumas”. Jairo insistió en que esa fue la razón por la que se unió a la policía, para ayudar a detener el crimen y la delincuencia.
Ataque frente a la Base Aérea de Cali. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
Este dramático momento le hizo decidir sobre el camino de su vida y la desactivación de bombas.
“Yo era menor de edad cuando ocurrió el ataque terrorista en El Vallado. Sentí que no quería que volviera a suceder. Trabajar en este grupo para desarmar explosivos es mi pasión, me gusta hacerlo”, dijo Jairo.
Dijo que esa misma adrenalina mantiene el cuerpo funcionando continuamente.
Nueve horas de operaciones con uno de los dos camiones bomba que afortunadamente no explotaron en las afueras de la base aérea de Cali
Ataque con camión bomba en base aérea de Cali: cilindros contenían explosivo tipo amonio. Foto:archivo privado
Recordando el atentado ocurrido el 21 de agosto del año pasado en Cali, luego de que uno de los dos camiones bomba explotara, el otro estaba a punto de explotar. Los disidentes lograron preparar el mecanismo de arranque y escapar. “Pero ese fue el diseño de Dios por el cual no explotó”.
Los cilindros se incendiaron y luego, por alguna razón desconocida, se fundió el fusible. Fue entonces cuando intervinieron Jairo y su equipo. Lo mismo el Ejército.
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Ataque a la base aérea de Cali. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
El primer paso que dieron fue retirar la camioneta de la carrera 8 y calle 58, zona de intenso tránsito vehicular y peatonal que se dirige desde el centro hacia el oriente o noreste de Cali.
Se tuvo que extremar las precauciones ya que el camión estaba intacto. Su movimiento dentro de la base aérea requirió la mayor precaución posible, porque cualquier movimiento en falso podría disparar los cilindros y empeorar el desastre ocurrido ese jueves de agosto.
El 21 de agosto de 2025, en Cali, cilindros contenían explosivos de amoníaco. Foto:archivo privado
Entonces llegó el momento de separarlos. En los cilindros había otras bombonas, pero no había tiempo que perder para sacarlas del vehículo y detonarlas de forma controlada y sin dañar a las personas ni a la infraestructura de la base aérea. La operación duró aproximadamente nueve horas hasta el día siguiente, 22 de agosto de 2025.
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“Todos nos protegemos unos a otros. Por eso es una hermandad. Nos cuidamos unos a otros”, dijo el policía.
Su familia sabe que forma parte de la Fuerza Pública, pero prefiere no darles muchos detalles para evitar serias preocupaciones.
La madre está orgullosa de su hijo, así como el caleño está orgulloso de ser uno de los más de 6.000 policías uniformados que hay en Cali.
Cada mañana se despierta como buen católico y creyente en el Señor de los Milagros, Jairo se santigua y hace todo lo que está en sus manos para llegar a su lugar de trabajo con esta hermandad, su segunda familia, velando por sus espaldas cada vez que se pone una pesada armadura en el cuerpo. En este punto toma aire y se concentra en la carrera milimétrica contra el tiempo para, si es necesario, desmantelar y detonar el explosivo que tiene delante con el mínimo impacto, evitando más tragedias por parte de los grupos armados.
KAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
California
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